Publicado por Silvana Vignale  

Reseña sobre: Infancia, política y pensamiento; Ensayos de filosofía y educación. Walter O. Kohan. 2007. Del Estante. Buenos Aires. 120 p.

Publicado como: Vignale, S. Una mirada sobre la educación desde la figura de la infancia y la extranjeridad. Reseña del libro Infancia, política y pensamiento, ensayos de filosofía y educación, de Walter O. Kohan. Revista Propuesta Educativa Nº 30. FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Año 17. Noviembre 2008.02. Pp. 122-124. ISSN 03274829.


Infancia y extranjeridad
 
Nos proponemos abordar aquí el último trabajo de Walter O. Kohan, titulado Infancia, política y pensamiento; ensayos de filosofía y educación, publicado por Editorial Del Estante, en el año 2007.

El texto que nos ocupa establece un vínculo profundo entre infancia, política y educación, nociones éstas atravesadas por la fuerza de la extranjeridad. Kohan se pone en diálogo con pensadores como J. Derrida y J. Rancière, a fin de pensar las tramas y relaciones que se tejen entre ellas; haciendo una lectura en su propia escritura, pensando en la infancia de la filosofía con Sócrates, pero también dando lugar a un diálogo filosófico con quienes no están legitimados desde la filosofía. Por eso, dirigirnos a este texto es dirigirnos también, de algún modo, a muchos otros.

En el primer apartado, “Política, educación y filosofía: la fuerza de la extranjeridad”, Kohan se ocupa de mostrar una comprensión dominante de la infancia, que puede ser pensada análogamente a la extranjeridad: ambas, alteridades negadas, sumidas a estereotipos, reducidas a “lo mismo”, ignoradas o pretendidamente conocidas, pero siempre resolviéndose en la negación del otro.

El extranjero es aquel que no viste nuestra ropa, ni habla nuestra lengua, ni piensa como pensamos. Es literalmente “otro”, alguien que está “fuera” de nuestro mundo. Como en el caso de la infancia, el extranjero se constituye desde la ausencia, la negación, la impotencia o imposibilidad. Es esto mismo lo que define a la infancia si lo pensamos en términos etimológicos: in-fans, la ausencia de habla –para lo cual el término fue rápidamente usado para los que no podían testimoniar en tribunales, ni participar de la res pública. Así, tanto el infante como el extranjero tienen una falta infaltable, la del habla, y con esto la negación en la vida política.

A partir de aquí, el autor intenta una desnaturalización de estas imágenes dominantes, no comprendiendo infancia y extranjeridad desde una lógica de la ausencia, sino desde la afirmación, desde una lógica de la presencia, que implica una otra política. El cuestionamiento de estas imágenes Kohan lo realiza a través de filósofos contemporáneos como G. Steiner, J. Derrida y J. Rancière.

La lectura de Derrida que se hace en el trabajo es en torno a la hospitalidad, poniendo en cuestión la forma de relación que establecemos con el extranjero. Una de ellas es la de exigir al extranjero hablar nuestra lengua a fin de acogerlo, lo cual implica una invitación al extranjero a su propia muerte en cuanto tal. Kohan lo formula de esta manera: “¿cuáles son las condiciones para que el extranjero pueda ser acogido por nosotros sin dejar de ser extranjero?” (Kohan, 2007).

El autor muestra cómo la cuestión de la extranjeridad puede resolverse en distintos modos de habitarla, al igual que la infancia, abrir una diversidad de formas de relación con la tierra, con la lengua, con el saber, sobre todo, con el otro. Para esto, Kohan deja abiertas algunas preguntas: “¿cómo recibir a esos infantes-extranjeros?” “¿Qué preguntas hacerles?” “¿En qué lengua hablarles?” “¿Qué invitación proponerles?” “¿Con qué fuerzas abrazarlos?” (Kohan, 2007).

Es interesante llamar la atención en algunas palabras relacionadas en el texto: extranjero, exterioridad, extraño, excursión, experiencia, exponerse, exilio, existencia. Todas estas palabras comparten el prefijo ex, que indica ya, de algún modo lo que está afuera, lo que “no soy yo”, lo que es “otro que yo”. Pero también y de algún modo, puede denotarse un movimiento: de un lado hacia otro, un devenir, Pero no es un movimiento de único camino, sino de una invitación a salir de sí en pos de lo desconocido, hacia la posibilidad de una transformación. Ser extranjeros en la educación, ser extranjeros en la filosofía, supone ese riesgo de salir de nuestra tierra a otros lugares, a otros terrenos, supone abandonar nuestras seguridades. Se trata de abrir posibilidades de pensar y de vincularnos de otro modo con la enseñanza y el aprendizaje.

Para ilustrar la paradoja tensionada hacia el extranjero en Derrida, aquella que reduce al extranjero a lo que somos, Kohan se vale de la figura del maestro Jacotot, en el libro de J. Rancière El maestro ignorante (1) (2003). Rancière y Jacotot se confunden en este libro, como Sócrates y Platón. A través de esta historia, Rancière saca al extranjero, del lugar que comúnmente se le asigna, el de la privación, la ausencia, la impotencia, la negación, para pensarlo desde una lógica de lo que es.

En la extranjeridad no hay enseñanza ni institución posible. Por eso, si alumnos y profesores hablan distintas lenguas, la institución pedagógica dice que no se puede ni enseñar ni aprender. Jacotot desmonta los pilares de la institución. La estrategia del extranjero es llevar a sus alumnos a su propia extranjeridad. Un extranjero había enseñando y los alumnos aprendido, sin hacer lo que normalmente hacen un profesor y sus alumnos. La ignorancia aquí, tan comúnmente despreciada en el ámbito del conocimiento, se vuelve potencia de alteridad. Así, la vieja pedagogía es como la vieja política, la de la escisión de superiores e inferiores, la pasión por la desigualdad.

Para Rancière existe una imposibilidad: ninguna institución emancipará a persona alguna, puesto que institución y emancipación obedecen a lógicas disociadas. Kohan pone en cuestión este pesimismo. Sin inclinarse por un optimismo fácil (las cosas progresarán hacia lo mejor), afirma un optimismo de inspiración foucaulteana, donde se abren las posibilidades del cambio, de la transformación, a partir de contingencias y no de necesidades o constantes antropológicas inevitables.

Para Kohan se trata de instaurar otra política en el pensamiento, una política de la experiencia y no de la verdad, de interrogación permanente sobre la posibilidad y las formas de la propia política. Por eso, el final del primer apartado no son conclusiones, sino una apertura: “¿Qué relación vale afirmar ente política, verdad y experiencia?” “¿Qué lugar ocupa la filosofía, entre la pedagogía y la educación?” “¿Cómo propiciar, desde una lógica igualitaria, prácticas que rompan la lógica de la desigualad imperante en las instituciones pedagógicas?” (Kohan, 2007).

Para pensar acerca de otro principio para el enseñar y el aprender, Kohan, en el segundo apartado “La infancia de la educación y la filosofía. Entre educadores héroes y tumbas de filósofos”, problematiza el inicio de la filosofía, “la infancia de la filosofía”, que ha sido un esquema en la construcción de identidades y que está presupuesto en las instituciones pedagógicas. Para ello se vale de la figura de Sócrates –no del personaje histórico, sino de aquella imagen que representa para la filosofía-.

La imagen hegemónica que nace para los filósofos o profesores de filosofía en este esquema identitario, ha perdurado en el tiempo bajo dos formas opuestas de pensamiento, dos tipos de filosofía contrapuestos: por un lado, una filosofía rigurosa, seria, erudita (cuya lógica es la de la transmisión, a través de lenguaje técnico y abstracto); por otro, una filosofía desplazada, ligera, banal, informal (la del ensayo, las cartas, las entrevistas). El autor exagera en la adjetivación para patentar las diferencias, y el sentido del segundo capítulo es problematizar este mito.

Este esquema también ha permitido que dentro de la filosofía misma se ejerciera el poder del pensamiento filosófico para incorporar al propio pensar o para negar cualquier carácter filosófico a todo lo que no se identificara con este pensar (el filosófico occidental), que silencia la otredad de los otros pensares.

El autor realiza una lectura de dos de los diálogos platónicos, el Menón y el Eufritón, para cuestionar esa infancia de la filosofía, y dar lugar a pensar otras infancias del pensamiento, otras voces silenciadas por una imagen del pensamiento. En este sentido se trata de que “otros” puedan encontrar espacios para expresar otra palabra, otro saber, otro pensar que los que dominan la polis en nuestro tiempo.

Para contraponerse al “imperialismo de lo mismo” que representa la figura de Sócrates, Kohan invoca a Foucault para invertir la posición del filósofo socrático en cuanto al “conócete a ti mismo” como forma de la búsqueda de sí. Por el contrario, la curiosidad filosófica no busca aumentar el conocimiento de sí, sino, al contrario, alejarse de lo que se conoce sobre uno mismo. Algo así como perderse, des-encontrarse.

Se trata de una forma de”ensayo” o ejercicio del pensamiento que permita transformar lo que somos, y extranjerizarnos del juego de verdad en el que estamos cómodamente instalados. Una búsqueda de lo pendiente en el pensamiento sería este ejercicio que busca abrir el pensamiento a lo que aún no se ha pensado.

En el tercer apartado, “La infancia más literal”, Kohan se vale de ejemplos y narraciones para referirse al lugar que ocupa la infancia y la relación que mantenemos con esas infancias. Son expresiones desde la experiencia, por esto se encuentran en el orden de la narratividad, como dice Benjamin, cuando habla de ésta como la capacidad de transmitir las experiencias vividas.

En el último apartado, “Una infancia para la educación y para el pensamiento”, el autor centra la mirada en la cuestión que vincula la infancia y la política. Los motivos que dominan el mundo de la filosofía para infantes supone una cierta relación específica entre educación, política y filosofía. Hay una tradición muy fuerte que ha situado a la filosofía al servicio de la formación política de los infantes: para formar ciudadanos, consolidar la democracia o plasmar valores que consideramos superiores. Proyectamos la polis ideal, para so se lleva la filosofía a al escuela. ¿Cuáles son los peligros de esto? Quizá lo poco interesante que sea el lugar en donde colocamos a la infancia, los niños como los que no saben o aún no han vivido lo suficiente.

Quizá nos atrevamos a pensar la infancia con la infancia en lugar de para ella. La cuestión en el fondo tiene que ver con lo que pensamos que es la política. Afirmamos en nuestra práctica un modo de relación con cuestiones como igualdad, justicia, libertad, solidaridad o cooperación. Propiciamos un espacio donde es importante cuidar del otro, escucharlo. Donde se estimula la participación y la resistencia a las imposiciones; apreciamos la alteridad, estimulamos la creación y no nos molesta la falta de certidumbres. Hay toda una política en nuestra práctica de filosofar con infantes. Educamos para otro mundo, sin saber cómo debe ser ese otro mundo, sin prefijarlo tampoco. Para que esos infantes puedan pensar de modo más libre.

(1) Joseph Jacotot es un francés posrevolucionario, nacido en 1770, profesor de literatura francesa, que ocupó cargos públicos y fue electo diputado en 1815. En El maestro ignorante se narra la experiencia de Jacotot a partir del exilio y el hecho de tener que enseñar en un país que no es el propio (Holanda), con una lengua que desconoce, a alumnos que no hablan su francés. Encuentra una edición bilingüe del Telémaco con la cual puede”enseñar” sin “saber”. El libro es una crítica a la lógica explicadora, a partir de la experiencia en de un extranjero que está imposibilitado a explicar por no saber lo mismo que sus alumnos.

 
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